Modalità di lettura

Neue Contest-Reglemente verfügbar

Die überarbeiteten Richtlinien für die Schweizer VHF/UHF-Wettbewerbe und den National Mountain Day (NMD) stehen ab sofort in dreisprachiger Ausführung zum Download bereit.

Die Reglemente wurden in den Sprachen Deutsch, Französisch und Italienisch publiziert, um allen Teilnehmenden den Zugang zu den aktuellen Bestimmungen zu gewährleisten.

Die Dokumente können über die folgenden Verweise abgerufen werden:

VHF/UHF-Contests

National Mountain Day

Viel Erfolg und gute Verbindungen bei den kommenden Contesten.

Published: HB9HGH 2026-05-31 17:46:01

  •  

USKA-Ausflug: Vergangenheit trifft Zukunft

Rund 20 Personen des USKA-Vorstands und der Geschäftsstelle verbanden beim Ausflug nach Aarau historische Technik mit strategischen Weichenstellungen.

Am Samstag, 30. Mai, trafen sich rund 20 Teilnehmende um 10 Uhr unter der grossen Uhr am Bahnhofplatz in Aarau. Das Programm teilte die Gruppe auf, sodass am Vormittag und Nachmittag parallel zwei historische Stätten besichtigt wurden.

Kopf einziehen

Die erste Station führte in den «Aufschluss Meyerstollen» direkt unterhalb des Bahnhofs. Ivana Sintic vom Stadtmuseum Aarau leitete die Gruppen durch die unterirdischen Gänge. Der Industriepionier Rudolf Meyer Sohn liess das System vor über 200 Jahren anlegen, um Grundwasser für seine Betriebe zu fassen. «Es ist unglaublich, was hier im Verborgenen gebaut wurde – diese Leistung hat heute kaum noch jemand auf dem Schirm», bemerkte ein Vorstandsmitglied – und duckte sich, um den Kopf nicht an der Stollendecke anzuschlagen.

Höchste Präzision

Zeitgleich stand das Kernmuseum im Stadtmuseum Aarau auf dem Plan. Geführt von Markus Meier (HB9GXM), einem ehemaligen Mitarbeiter der Firma Kern & Co. AG, ging es durch die Studiensammlung. Das Unternehmen fertigte von 1819 bis 1991 weltweit gefragte Messinstrumente und Optiken an. Ein Teilnehmer zog beim Anblick der feinmechanischen Apparate Parallelen zum eigenen Hobby: «Diese technische Präzision fasziniert mich als Funkamateur natürlich sofort. Das handwerkliche Niveau von damals ist erstaunlich.»

USKA modernisieren

Zur Mittagspause versammelten sich alle im Restaurant «Spagi» in der Metzgergasse. Während die Führungen den Blick rückwärts richteten, drehte USKA-Präsident Bernard Wehrli, HB9ALH, in seinem Referat die Perspektive um. Er beleuchtete die Zukunft des Verbands und legte dar, mit welchen Schritten die USKA modernisiert werden soll. Man müsse sich zügig an neue technische Trends und veränderte gesellschaftliche Strukturen anpassen, um für den Nachwuchs attraktiv zu bleiben.

So bot der Ausflug eine gelungene Kombination aus historischer Spurensuche und strategischem Ausblick. Ein grosses Dankeschön für die tadellose Organisation des Anlasses geht an Markus, an Willy (HB9AHL) sowie an das Stadtmuseum Aarau für die Unterstützung.

Published: HB9HGH 2026-05-31 10:52:07

  •  

Toma, lee – Por Juan Manuel de Prada

Por Juan Manuel de Prada

Hay un pasaje de Las Confesiones de San Agustín que me conmueve muy hondamente, por la luz retrospectiva que arroja sobre mi vida, y también por constituir una de las más hermosas invitaciones a la lectura que jamás se hayan escrito. Se halla en el capítulo XII del libro octavo de esta obra incomparable, y relata el desenlace de la crisis que atormenta al Santo de Hipona y su definitiva conversión al cristianismo. Agustín se halla en Milán, donde ha escuchado las predicaciones de San Ambrosio, y se aloja en casa de su amigo Alipio. Las meditaciones sobre su estado han desatado en su corazón «una gran tormenta, cargada con una copiosa lluvia de lágrimas»; entonces Agustín, a impulsos del pudor, farfulla unas palabras de excusa y se retira «de modo que ni la presencia de Alipio pudiera servirme de estorbo». En el jardín de la casa, tendido a la sombra de una higuera, dará rienda suelta a las lágrimas.

Entonces, mientras el llanto y la amargura lo golpean, Agustín oye, proveniente de una casa vecina, «una voz como de un niño o una niña que decía canturreando y repitiendo con frecuencia: Tolle, lege. Tolle, lege». La cantinela («Toma, lee», «Toma, lee») rescata de su desconsuelo a San Agustín, que cree descubrir en esa misteriosa voz infantil «una orden divina que me mandaba abrir el libro y leer lo que encontrase en el primer capítulo que se me ofreciese». Agustín vuelve a toda prisa a la casa de su amigo Alipio, abre al albur el libro que va a rectificar su destino (es una recopilación de las epístolas de San Pablo) y lee en silencio el primer versículo sobre el que se posan sus ojos: «Nada de comilonas ni borracheras; nada de lujurias ni desenfrenos; nada de querellas y envidias. Antes bien, revestíos de Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias». El efecto de esa lectura azarosa será fulminante: «No quise leer más –afirma San Agustín–, ni era necesario. Al instante, al terminar de leer aquella frase, se disiparon todas las nieblas de la duda, como si una luz segura se hubiese difundido sobre mi corazón».

Cuando yo era niño, muchos años antes de leer Las Confesiones, también abría los libros al buen tuntún, como anhelando encontrar un tesoro diminuto entre el intrincado bosque de su tipografía, y posaba el dedo índice sobre un renglón cualquiera, en busca de aliento espiritual, de consejo y de guía. Hacía este ejercicio con cualquier tipo de libro, sagrado o profano, a veces incluso con los periódicos atrasados, inquiriéndoles preguntas que abarcaban las infinitas curiosidades del adolescente, desde las espirituales hasta las amatorias. Esta consideración del libro como una suerte de zahorí que ilumina nuestra vida, que nos consuela y escarmienta, que nos enseña e inspira, lo convierte en el objeto más formidablemente reparador que haya podido concebir el hombre. El libro, en apariencia inerte y mudo, nos reconforta con su elocuencia, porque entre sus páginas se esconden revelaciones que nos interpelan y alumbran nuestra vida; y es esta capacidad suya para dilucidarnos lo que lo convierte en nuestro interlocutor más valioso.

Y no me refiero tan sólo a las obras cimeras del genio humano consagradas por el veredicto de los siglos, sino también a esos otros libros que incorporamos a nuestra biblioteca sin deliberación, como quien sale al campo y empieza a recolectar hierbas al buen tuntún, guiándose por una suerte de simpatía instantánea. Quizá en la lectura de esos libros no hallamos el esplendor de la rosa, pero a cambio descubrimos en ellos cualidades aisladas que asoman aquí y allá, como las flores silvestres asoman entre los cardos. Y en esas sorpresas surgidas a salto de mata, se cifra el placer de la lectura, que nunca nace de la predisposición estudiada, sino más bien de una imprevista asonancia que nos conmueve y deslumbra y entabla con nosotros un misterioso vínculo que nos acompañará para siempre, como una semilla en hibernación.

Con los libros ocurre lo mismo que con los paisajes que habitaron nuestro pasado: quizá los senderos que acogieron nuestras huellas se hayan borrado, invadidos por las zarzas y los arbustos, pero basta con que nuestra mirada se pose sobre las palabras que en otro tiempo hicimos nuestras para que, entre las ruinas de la memoria, se abra una galería subterránea por la que atisbamos el latido familiar de aquellas emociones que creíamos abolidas y que, sin embargo, no se resignan a morir, porque la emoción verdadera, por muchas paletadas de tierra y olvido que hayamos arrojado sobre ella, siempre alienta al fondo, dispuesta a convertirse, otra vez, en pasión devoradora.

Toma, lee.

  •  
❌