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Ricevuto oggi — 19 Gennaio 2026

La dignidad de los carpinchos – Por Diego Chiaramoni

19 Gennaio 2026 ore 05:06

Por Diego Chiaramoni

Mi sobrina Jazmín, llama al carpincho “capibara”. El bichito adquirió ascendencia en nuestro país a través de esas grietas ad ínferos que son las redes sociales. En el fondo, no es tan negativa la cuestión, porque esa denominación “Kapii-bara” resulta de una formación aglutinante del guaraní que significa “comedor de la hierba” o “señor de la hierba”. Los niños no saben estas cosas, pero hay cierta nobleza en llamar “capibara” al carpincho, porque siempre es mejor el eco histórico de un término que la imposición de una moda. La moda –decía el bueno de Gabriel Marcel-, es prima hermana de la muerte.

Los carpinchos tienen algunas virtudes olvidadas para estos tiempos de erotismo liberal: privilegian el valor de la comunidad, tienen un fuerte sentido axiológico del apoyo mutuo, son pacíficos y se mueven con naturalidad tanto en el agua como en la tierra, es decir, no son de derechas ni de izquierdas, su naturaleza supera esas dialécticas. Los carpinchos, además son políticamente incorrectos porque un macho dominante protege a varias hembras y defiende el territorio, es decir, son “machistas”.

Desde hace un tiempo, los vecinos de Nordelta -una zona top de Buenos Aires-, comenzaron a librar una guerra contra los carpinchos. Es una guerra desigual e injusta, casi como la Guerra de la Triple Alianza, cuando movidos por intereses foráneos, animados como siempre por el único dios de la sinarquía sajona, el dinero, se invadió al Paraguay, diezmando sus recursos, su población y su alta cultura, mixtura de lo hispano y lo guaraní en esa expresión sublime que fue el barroco jesuítico.

Los laboratorios, la pornografía y los negocios inmobiliarios constituyen la triada que más dinero mueve en este mundo. El capital, que constituye quizás el último rostro de la subjetividad moderna, moldea la identidad y subyuga las conciencias. En ese reino, la ostentación, la fastuosidad y el aislamiento egoísta encontraron en el microclima del “barrio cerrado” su escenario perfecto. Para la conquista del espacio geográfico, la industria inmobiliaria arrasa con todo aquello que se interponga en su camino, desde el patrimonio histórico de una Ciudad hasta la diversidad natural que la conforma. El capital asienta su formación y su destino en la materia, no en el espíritu, por eso le importa poco la última esquina sin ochava en el centro de Lomas de Zamora como el último vuelo de los patos sirirí pampa en un bañado de Canning. Tolstoi lo vio claramente cuando escribió que el dinero es una nueva forma de esclavitud, cuyo elemento distintivo con respecto a la antigua esclavitud es su impersonalidad.

Mi abuelo decía que para el amor y para la guerra, al menos dos partes deben estar comprometidas. Los carpinchos no libran batallas contra el hombre, no son como los pájaros de Hitchcock, ni como aquellas películas en las que el eterno delirio persecutorio yanqui ponía en escena abejas, arañas, serpientes o insectos alienígenas con profunda sed de sangre. Los carpinchos conviven pacíficamente con los hombres, sus vecinos invasores. En esta coyuntura, se alzan algunas voces en defensa de los pobres bichos; existen fallos judiciales sobre la custodia de la fauna, agrupaciones ambientalistas que velan por sus “derechos” –¿los animales tienen derechos? ¿O nosotros tenemos deberes de cuidado hacia ellos? – y hasta paladines clasistas que ven en los carpinchos una figura de la resistencia proletaria.

En 2011, montaron una campaña en Madrid para eliminar a las cotorras argentinas, la justificación era la “alteración del ecosistema”, porque las pobres locutoras del aire eran especies “alóctonas”, es decir, especies introducidas en un nuevo territorio. Desde la contraportada de El Mundo, el viejo zorro de Raúl de Pozo escribió irónicamente sobre la impiedad de aquellos ecologistas de pesebre. El problema madrileño eran las especies introducidas, y aquí, en los barrios privados bonaerenses, ¿quiénes son los alóctonos? En esta historia, los introducidos por las fantasías del capital, son los vecinos de Nordelta, esos que sueñan con encontrar lagos con cisnes al abrir las ventanas de sus cuartos y todo ello, a 45 minutos del Obelisco. No les será fácil esta cruzada, aunque vivamos tiempos de ridiculizaciones programadas contra el noble arraigo. El dinero puede comprar casi todo, menos la dignidad de los carpinchos.

Diego Chiaramoni
Enero 18 de 2026

Ricevuto prima di ieri

Seis israelíes volcaron en la Ruta 40 en Santa Cruz y fueron trasladados al hospital

15 Gennaio 2026 ore 06:35

En medio del debate nacional desatado por los incendios en la Patagonia, seis israelíes volcaron a bordo de una camioneta Chevrolet Blazer en la Ruta Nacional N°40 en Santa Cruz. El accidente de tránsito ocurrió el martes 13 de enero alrededor de las 18:10, a unos 79 kilómetros al norte de Gobernador Gregores.

Tras el alerta, se activó de inmediato un operativo de rescate. Personal especializado llegó al lugar y trabajó de manera coordinada con el equipo sanitario para asistir a los ocupantes del vehículo, todos de nacionalidad israelí.

Según se supo, una de las personas se encontraba tirada en el suelo, por lo que los bomberos la inmovilizaron con collarín, tabla rígida y soportes laterales para prevenir mayores lesiones. Otra mujer, que había sido movida previamente a un auto, también presentaba lesiones y recibió atención similar para su traslado seguro.

Según informó La Opinión Austral, el siniestro ocurrió alrededor de las 18:10 horas, cuando una camioneta Chevrolet Blazer, por causas que aún se investigan, perdió estabilidad y volcó sobre la banquina en uno de los tramos más complejos de la traza, caracterizado por largas distancias, escasa señal telefónica y condiciones climáticas variables.

Debido a la cantidad de heridos y la gravedad de las lesiones, se acercaron tres ambulancias del hospital local que trasladaron a todos los ocupantes para recibir la atención médica correspondiente. El rescate se extendió por unas dos horas y culminó con éxito.

El vuelco de la camioneta generó alarma en la zona y destaca la importancia de la rápida intervención de bomberos y equipos médicos ante accidentes de este tipo.

Una vez finalizado el traslado de las víctimas, personal policial procedió a resguardar el lugar del accidente con el objetivo de permitir las pericias necesarias para determinar las causas del vuelco.

 

Incendios en la Patagonia: denuncian que turistas israelíes fueron encontrados haciendo fogatas en Parque Nacional Los Glaciares

8 Gennaio 2026 ore 02:23

Un grave incidente ambiental se registró en las últimas horas en las cercanías de El Chaltén, dentro del Parque Nacional Los Glaciares, cuando una pareja de turistas extranjeros encendió una fogata en una zona totalmente prohibida, poniendo en riesgo el bosque nativo y la fauna local en plena emergencia por incendios forestales activos en la región. «¡Ustedes son! ¡Ustedes son los h… de p… que nos prenden fuego!», gritó Martín, vecino de El Calafate, quien los enfrentó, los obligó a levantar el campamento y dio aviso a las autoridades. Parques Nacionales y Gendarmería iniciaron un operativo para identificarlos y señalaron que serían de origen israelí, dato que también aportó el vecino calafateño.

Durante una caminata hacia Laguna Torre, Martín observó una columna de humo persistente. Al acercarse, se encontró con los turistas haciendo fuego debajo de la vegetación. “Si ustedes están asombrados, yo tengo una impotencia terrible”, relató Martín en diálogo con FM Dimensión, visiblemente afectado por la situación.

De inmediato, Martín les exigió que apagaran las llamas y se retiraran hacia un camping habilitado. Luego, con la ayuda de otro visitante, terminó de extinguir completamente el foco con agua.

Tras asegurarse de que no quedaran brasas activas, descendió para dar aviso a las autoridades. “Bajé de noche, sin linterna, pero lo hice para que esta gente pague lo que tenga que pagar por intentar dañar nuestro bosque”, afirmó.

Se inició un operativo de búsqueda nocturna junto a un guardaparque, y finalmente se radicó la denuncia formal ante Parques Nacionales y Gendarmería. Las autoridades analizan registros de alojamientos, campings, e imágenes aportadas por testigos para identificar a los responsables.

El episodio generó indignación en la comunidad, especialmente porque ocurre mientras brigadistas combaten incendios forestales activos a pocos kilómetros de distancia, con un importante despliegue de recursos. “Es increíble que tengamos a todo el personal apagando incendios y que, al mismo tiempo, haya personas que prendan fuego sin ningún tipo de conciencia”, lamentó Martín.

El vecino hizo un llamado contundente a la responsabilidad de todos los visitantes: “Si ven algo así, intervengan y denuncien. El que fuma, que apague bien el cigarrillo. Evitemos que pasen estas cosas, porque se nos está prendiendo fuego la Argentina”.

Con este incidente, las autoridades refuerzan el mensaje sobre la prohibición absoluta de hacer fuego fuera de los lugares habilitados y la importancia de respetar las normativas del Parque Nacional, cuyo ecosistema es extremadamente vulnerable al fuego, especialmente en temporada seca y de vientos intensos.

El hecho se da en un contexto en el que también se ha denunciado la mala conducta reiterada de turistas israelíes, llegados a la Patagonia tras realizar el servicio militar en el Ejército de dicho país. De acuerdo a operadores turísticos y guías locales, se han registrado episodios de tensión recurrentes, como incumplimientos de indicaciones durante caminatas, desvíos no autorizados en senderos que derivaron en pedidos de rescate, o reuniones improvisadas en áreas naturales donde no está permitido acampar ni realizar fiestas.

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